Page 27 - UMH Sapiens 43
P. 27
HISTO- CSI Casita de muñecas
RIAS
CURIO-
SAS Fue el coronel Mostaza, con el revólver, en el salón de baile… ¿o la
señora Celeste, con la tubería de plomo, en la terraza? Resolver un
crimen no es tan fácil como en el Cluedo. Desde finales del siglo XIX,
un análisis para detectar hemoglobina, en 1867 la fotografía se incor-
DE LA CIENCIA la ciencia ha transformado la investigación criminal: en 1853 se ideó
poró al registro de escenas y en 1986 el ADN se utilizó por primera vez
como prueba. Un paso decisivo llegó gracias a Frances Glessner Lee
(para gente con prisa) (1878–1962). Sin formación académica, pero con gran rigor autodidac-
ta, creó los célebres “Pequeños escenarios de muertes inexplicables”:
· Diego de la Encina, Ángeles Gallar 18 dioramas en miniatura donde muñecas de porcelana aparecían
colgadas, apuñaladas o ahogadas, en habitaciones recreadas al de-
talle. Su objetivo era entrenar a policías y médicos en la observación
minuciosa, evitando errores comunes. En 1931 fundó, junto al médico
Georg Burgess Magrath, el primer programa de medicina forense en
EE.UU. Hoy se la recuerda como la “abuela de la criminalística”.
¿Usted cree en la realidad?
Los randomistas de la economía
En 1996, un psicólogo se le acercó a Bruno Latour con una pregunta
escrita en un papelito: “¿Usted cree en la realidad?” La duda venía
de una lectura apresurada de sus primeras obras, donde muchos Les llamaban “los randomistas” (“los aleatorios”), casi de forma
pensaron que negaba la existencia de lo real. Pero el filósofo y sociólogo despectiva. Acabaron ganando el Nobel. Los economistas Esther
francés (1947–2022) no negaba la realidad: lo que cuestionaba era cómo Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer aplicaron, por primera vez,
llegamos a conocerla. Durante décadas, Latour estudió los laboratorios los estudios aleatorizados para entender las decisiones económicas
como en antropología se estudiaba una tribu: observando microscopios, de personas con muy pocos recursos. No es fácil identificar las causas
papeles, máquinas y debates. Su conclusión fue provocadora: los hechos de la pobreza, menos aún en países donde las teorías económicas
científicos no flotan solos esperando ser descubiertos. Se sostienen en clásicas no encajan. Las técnicas tradicionales —comparaciones direc-
redes de personas, instrumentos, instituciones y consensos. La famosa tas, regresiones o estimaciones— solían conducir a errores al diseñar
fotografía 51 de Rosalind Franklin, por ejemplo, no hablaba por sí sola: políticas de desarrollo. Con un enfoque práctico, “los aleatorios”
necesitó rayos X, cristales de ADN, cámaras, matemáticas y la interpre- adaptaron al análisis económico los mismos métodos que se emplean
tación de una comunidad científica. Solo dentro de ese entramado se para probar medicamentos. Así evaluaron programas de escolariza-
convirtió en un hecho sobre la estructura de doble hélice del material ción, acceso a la salud o microcréditos, que necesitaban evidencias
genético. Latour plasmó su visión en la Teoría del Actor-Red, hoy influ- sólidas. Descubrieron, por ejemplo, que suministrar lentejas en la In-
yente en ciencias sociales y estudios ambientales. Según esta manera de dia mejora las tasas de vacunación o que la desparasitación aumenta
entender el mundo, humanos y no humanos —virus, ordenadores, leyes, la asistencia escolar en Kenia. Como resume Duflo: basar las políticas
satélites— actúan juntos y producen conocimiento. En tiempos de crisis de desarrollo en datos objetivos, con métodos rigurosos y racionales
climática y de desinformación, su mensaje cobra aún más fuerza: los es hacer buena ciencia y hacer el bien.
hechos son robustos no porque sean absolutos, sino porque se apoyan
en redes confiables de prácticas, datos e instituciones. La pregunta no
es si la realidad existe, sino cómo la hacemos visible y compartida.
umhsapiens 27

