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No hay humanos “normales”








                                                                Cómo una palabra puede
                                                                cambiar tus recuerdos









           En las primeras décadas del siglo XX, en Estados Unidos y Europa se
           asumía que la forma ‘normal’ del ser humano era la occidental. La
           antropóloga estadounidense Margaret Mead (1901-1978) desafió esa
           visión: viajó a Samoa, Papúa Nueva Guinea y Bali para estudiar cómo la
           personalidad, los roles de género y la forma de madurar varían según la
           cultura. Su herramienta principal fue la etnografía basada en la obser-
           vación participante: convivir con las comunidades, aprender su lengua
           y participar en su vida diaria. Gracias a esta inmersión, mostró que lo   Las palabras que usamos no son neutrales. Verbos como “tocar” y
           que parecía ‘natural’ —como los comportamientos asociados a hombres   “contactar” evocan una idea muy distinta a “estrellar” o “colisionar”,
           y mujeres— tenía un fuerte componente cultural. En sus estudios del   aunque describan un mismo hecho. Esa fuerza o intensidad que lleva
           Pacífico, por ejemplo, encontró sociedades donde ambos sexos eran   asociada una palabra es su carga semántica y puede ser utilizada para
           pacíficos o, al contrario, agresivos, lo que desmontaba la idea de una   influir en cómo recordamos los sucesos. Imagina el experimento más
           naturaleza masculina o femenina fija. Hoy la antropología reconoce los   famoso sobre este tema. Varios grupos de personas vieron el mismo
           límites de este enfoque ‘desde fuera’, que puede proyectar estereotipos   vídeo de un accidente de tráfico. Después, se les preguntó a todos por
           o desigualdades de poder. Por eso, la disciplina ha evolucionado hacia   la velocidad de los coches, pero con una sutil diferencia. A un grupo
           prácticas colaborativas y decoloniales, en las que las propias comunida-  se le preguntó: “¿A qué velocidad iban cuando se tocaron?”. A otro:
           des investigan y narran su experiencia.
                                                                “¿A qué velocidad iban cuando se estrellaron?”. La psicóloga Elizabeth
                                                                Loftus (n.1944) fue quien demostró el poder de esa simple palabra. Los
                                                                participantes que oyeron el verbo “estrellar”, con su carga semántica de
            El precio del trabajo invisible                     violencia, estimaron velocidades mucho más altas. Es más, una semana
                                                                después, eran propensos a recordar falsamente haber visto cristales ro-
                                                                tos que no existían en el vídeo. La investigación de Loftus demostró que
                                                                la memoria no es una grabación objetiva, sino un proceso vulnerable a
                                                                muchos factores, como el lenguaje. Este hallazgo cambió para siempre
                                                                la psicología y el valor que se le da al testimonio de los testigos oculares
                                                                en los juicios.  Reveló que un recuerdo puede ser editado sin que nos
                                                                demos cuenta.












            Cuando hablamos de economía solemos pensar en fábricas, empresas o
            mercados. Pero existe otro trabajo, invisible en las estadísticas, que sos-
            tiene la vida diaria: el doméstico y de cuidados. La socióloga y economista
            española María Ángeles Durán (n. 1942) ha dedicado su carrera a medir y
            dar valor a este trabajo no remunerado. Cocinar, limpiar, cuidar a niños,
            enfermos o mayores no aparece en el producto interior bruto, pero consu-
            me tiempo, energía y genera bienestar social. Durán fue pionera en aplicar
            un método científico, encuestas de uso del tiempo, para calcular cuántas
            horas se dedican a estas tareas y traducirlas a valor monetario. Así mostró
            que, si se contabilizara, el trabajo no pagado representaría entre un 20 y
            un 50% del PIB según los países. La economía, entonces, no sólo ocurre
            en el mercado: también sucede dentro de los hogares. Este enfoque dio   Descubre más curiosidades
            lugar a las llamadas ‘cuentas satélite’, sistemas complementarios a la    científicas para gente con prisa en
            contabilidad nacional que permiten medir actividades esenciales pero   sapiens.umh.es/curiosidades-cientificas
            tradicionalmente invisibles, como el trabajo de cuidados. Gracias a sus
            investigaciones, organismos internacionales y gobiernos comenzaron a re-
            conocer la importancia de estas tareas para diseñar políticas de igualdad
            y de reparto de responsabilidades.



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