Page 29 - UMH Sapiens 43
P. 29
No hay humanos “normales”
Cómo una palabra puede
cambiar tus recuerdos
En las primeras décadas del siglo XX, en Estados Unidos y Europa se
asumía que la forma ‘normal’ del ser humano era la occidental. La
antropóloga estadounidense Margaret Mead (1901-1978) desafió esa
visión: viajó a Samoa, Papúa Nueva Guinea y Bali para estudiar cómo la
personalidad, los roles de género y la forma de madurar varían según la
cultura. Su herramienta principal fue la etnografía basada en la obser-
vación participante: convivir con las comunidades, aprender su lengua
y participar en su vida diaria. Gracias a esta inmersión, mostró que lo Las palabras que usamos no son neutrales. Verbos como “tocar” y
que parecía ‘natural’ —como los comportamientos asociados a hombres “contactar” evocan una idea muy distinta a “estrellar” o “colisionar”,
y mujeres— tenía un fuerte componente cultural. En sus estudios del aunque describan un mismo hecho. Esa fuerza o intensidad que lleva
Pacífico, por ejemplo, encontró sociedades donde ambos sexos eran asociada una palabra es su carga semántica y puede ser utilizada para
pacíficos o, al contrario, agresivos, lo que desmontaba la idea de una influir en cómo recordamos los sucesos. Imagina el experimento más
naturaleza masculina o femenina fija. Hoy la antropología reconoce los famoso sobre este tema. Varios grupos de personas vieron el mismo
límites de este enfoque ‘desde fuera’, que puede proyectar estereotipos vídeo de un accidente de tráfico. Después, se les preguntó a todos por
o desigualdades de poder. Por eso, la disciplina ha evolucionado hacia la velocidad de los coches, pero con una sutil diferencia. A un grupo
prácticas colaborativas y decoloniales, en las que las propias comunida- se le preguntó: “¿A qué velocidad iban cuando se tocaron?”. A otro:
des investigan y narran su experiencia.
“¿A qué velocidad iban cuando se estrellaron?”. La psicóloga Elizabeth
Loftus (n.1944) fue quien demostró el poder de esa simple palabra. Los
participantes que oyeron el verbo “estrellar”, con su carga semántica de
El precio del trabajo invisible violencia, estimaron velocidades mucho más altas. Es más, una semana
después, eran propensos a recordar falsamente haber visto cristales ro-
tos que no existían en el vídeo. La investigación de Loftus demostró que
la memoria no es una grabación objetiva, sino un proceso vulnerable a
muchos factores, como el lenguaje. Este hallazgo cambió para siempre
la psicología y el valor que se le da al testimonio de los testigos oculares
en los juicios. Reveló que un recuerdo puede ser editado sin que nos
demos cuenta.
Cuando hablamos de economía solemos pensar en fábricas, empresas o
mercados. Pero existe otro trabajo, invisible en las estadísticas, que sos-
tiene la vida diaria: el doméstico y de cuidados. La socióloga y economista
española María Ángeles Durán (n. 1942) ha dedicado su carrera a medir y
dar valor a este trabajo no remunerado. Cocinar, limpiar, cuidar a niños,
enfermos o mayores no aparece en el producto interior bruto, pero consu-
me tiempo, energía y genera bienestar social. Durán fue pionera en aplicar
un método científico, encuestas de uso del tiempo, para calcular cuántas
horas se dedican a estas tareas y traducirlas a valor monetario. Así mostró
que, si se contabilizara, el trabajo no pagado representaría entre un 20 y
un 50% del PIB según los países. La economía, entonces, no sólo ocurre
en el mercado: también sucede dentro de los hogares. Este enfoque dio Descubre más curiosidades
lugar a las llamadas ‘cuentas satélite’, sistemas complementarios a la científicas para gente con prisa en
contabilidad nacional que permiten medir actividades esenciales pero sapiens.umh.es/curiosidades-cientificas
tradicionalmente invisibles, como el trabajo de cuidados. Gracias a sus
investigaciones, organismos internacionales y gobiernos comenzaron a re-
conocer la importancia de estas tareas para diseñar políticas de igualdad
y de reparto de responsabilidades.
umhsapiens 29

