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Del  mismo  modo,  un  experimento  puede  poner  a  prueba   le distinguir entre estudios observacionales (o descriptivos)
         teorías ya formuladas. A mediados del siglo XX, la física de   y de intervención (o experimentales). Los primeros básica-
         partículas se encontraba en plena expansión y los físicos   mente permiten proponer hipótesis; los segundos, confir-
         teóricos Tsung-Dao Lee y Chen-Ning Yang habían plantea-  marlas o rechazarlas.
         do una duda incómoda: ¿y si una de las simetrías funda-
         mentales del universo, la llamada ‘simetría de paridad’, no
         se cumplía siempre? Esta simetría sostiene que los procesos
         físicos —como colisiones o  desintegraciones— deberían
         ocurrir igual si se reflejan en un espejo. Hasta entonces, se
         creía que todas las fuerzas naturales respetaban esa regla.

         Chien-Shiung Wu, física experimental experta en desinte-
         gración  beta,  diseñó  un  experimento  para  comprobarlo.
         En 1956, alineó átomos de cobalto-60 dentro de un campo
         magnético y los enfrió casi al cero absoluto. Su hipótesis
         fue que, si al desintegrarse esos átomos emitían electrones
         en direcciones desiguales, significaría que la paridad no se
         conservaba. Y así fue: los electrones preferían una dirección
         concreta, demostrando que la simetría en espejo se rompe
         en las interacciones débiles.



                                                              Pero los datos que resultan de un experimento son sólo nú-
                                                              meros o registros hasta que alguien los organiza, los com-
                                                              para y los interpreta. El análisis de los datos es el paso que
                                                              los convierte en conocimiento. Hoy lo vemos con claridad
                                                              en un ensayo clínico: no basta con contar cuántos pacientes
                                                              toman un fármaco nuevo y cuántos mejoran, hay que com-
                                                              parar con un grupo control (que tome el fármaco existente
                                                              hasta ahora, por ejemplo), aplicar la estadística y descartar
                                                              que el resultado se deba al azar. Sólo así esos datos pueden
                                                              convertirse en una conclusión sólida sobre la eficacia de
                                                              uno de estos dos tratamientos.








         El descubrimiento tuvo consecuencias profundas. Al res-
         ponder a la pregunta de Lee y Yang, cambió la forma de
         entender las fuerzas fundamentales y abrió un camino para
         explicar por qué el universo contiene materia en lugar de
         aniquilarse en pura energía.

         Así suceden —no muy a menudo— los cambios de paradig-
         ma: cuando un marco de pensamiento deja de servir para
         explicar la realidad y lo sustituye otro que encaja mejor con
         las observaciones. No es una cuestión de opiniones, sino de
         evidencias que fuerzan a replantear las bases mismas del
         conocimiento. Porque la historia de la ciencia no se puede
         dibujar sobre una línea recta, ni es sólo pura acumulación
         de hechos, avanza en múltiples direcciones; se redibuja a sí   Para alcanzar conocimientos sólidos, no es suficiente con
         misma a base de revisiones, rupturas y miradas diversas que   que una persona tenga un momento eureka en el que el re-
         cuestionan y amplían lo que creemos saber.           sultado es justo el esperado según su hipótesis (como me-
                                                              dir la aceleración de un objeto que cae desde cierta altura
         Experimentación y análisis de datos                  y comprobar que, una y otra vez, se acerca al valor de 9,8
                                                                 2
         Se puede argumentar que el método científico moderno   m·s- ). La ciencia es ciencia de verdad cuando una segunda,
         nace en la Edad Media con los experimentos de óptica di-  tercera, enésima persona es capaz de replicar las condicio-
         señados por Ibn al-Haytham (Alhacén), alrededor del año   nes de ese experimento y obtiene resultados similares. O lo
         1012; o bien en el Renacimiento, con los experimentos de   que es más realista en ciertos campos científicos, cuando al
         física gravitacional que costaron su reputación y su libertad   introducir en el experimento ajustes controlados, se obser-
         a Galileo Galilei, en 1633. En cualquier caso, experimentar   van efectos coherentes en el resultado. Por ejemplo, aplicar
         implica crear unas condiciones controladas, intervenir sobre   diferentes concentraciones de un neurotransmisor en célu-
         una de ellas y observar qué ocurre. Intervenir es la palabra   las cultivadas y medir que la respuesta eléctrica es propor-
         clave. En general, no basta con observar. De hecho, se sue-  cional a la dosis. Esto se conoce como reproducibilidad.




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