Page 88 - LAS RECETAS DE LA MADRE 3
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Jibia al amor



                                    de pesqueras nos estaba contando un cuento.
                          Pero no, muy serio dijo que estaba científicamente compro-
                          bado que estando  en  celo  la~  Jibias  se  ponen  como  locas.
                          Esto venia a cuento porque había discurrido  que si pascára
                          mos una jibia hembra viva. un macho de su esp('cie acudiría
                          rnudo y velo, atraído por la  ley de la  naturalern. Y cuando
                          estuviera cumpliendo ciegamente con dicha ley. le podría
                          mos  echar mano  con  un  salabrc sin  que  sufriera  nada  de
                          dolor. aunque un poco interrruptado.
                          Nuestro amigo había pescado varias jibias que las mantenía
                          en  un  vivero. El  afirmaba  que  eran  hembras.  no  sabemos
                          que  hacia  para  di~tingnirlas.  Los  machos  se  los  había
                          comido  con  tomate.  Había  tam bién  con~eguido  medio
                          prestado.  un  pequeño  bote  de  rcm  s.  ideal  parn  poder
                          acceder con sigilo a rocosos para jes de poco calado de Cabo
                          de Palos.
                          Salimos a por ellos. La noche  conjuraba magia, la calma era
                          absoluta.  la  luna  bl'illaba  por su  ausencia. el  cielo  estaba
                          estrellado y el  frío era el  adecuado para ser combatido con
                          una petaca de ron.
                          Nucstrn amigo  enganchó una Jibia con mucha destreza. sin
                          hacerle  nada  de  dafio  porque  el  sabe  como  tratar  a  las
                          hembras. La  ti ró al agua llevando el hilo en la mano a  unos
                          dos metros de distancia. 1 ·ra como pascar a un perro por el
                          agua, pero sin que se ahogara.



                                                          ad  ma  ~a      por la bocana del puerto, nuestro amigo grita
                                                                          El  invento había funcionado.   Pero el
                                                                 ejemplar no era gran cosa, seguramente un adolescente  en
                                                                 su  primera  experiencia  amorosa,  aprovechándose  que  la
                                                                 otra estaba atada. Nos da un escalofrío de emoción, que sin
                                                                 dudarlo un momento lo confundimos con frío del normal y
                                                                 nos servimos una ronda de ron.
                                                                 A! cabo de un  rato grita   Esta vez se trataba de
                                                                 un verdadero machote. Pesaba sin exagerar dos o tres kilos  y
                                                                 exagerando, cuatro o cinco. Lo sacamos a tiempo. que a poco
                                                                 nos machaca el reclamo.
                                                                 En ese estado lo metemos en un cubo, pero intentaba salirse
                                                                 trepando con  sus enormes  tentáculos.  Lo  empujamos con
                                                                 una botella vacía de agua. n monstrno agarra con fiereza la
                                                                 cintura de la botella con un tentáculo, luego otro, y otro. De
                                                                 prnnto  le  cambió  la  expresión  corporal  p,1reciendo que  la
                                                                 agresión  se  tornaba  en  pasión,  como  si  por  fin  hubiera
                                                                 encontrado  por  fin  a  la  pareja  ideal  que  le  soportara  sus
                                                                 envites amorosos.
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